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Practicantes de ritos oscuros comen cadáveres de los cementerios para tener más poder

El siguiente informe contiene crudas revelaciones de las espeluznantes prácticas que se realizan en Santiago del Estero para tener éxito, para vengarse, o para tener poder para decir que pueden curar cáncer o sida y cobrar grandes sumas por ello. El contenido puede herir la sensibilidad de los lectores.

Por lo general se señala como submundo a todo ambiente distinto del común a la mayoría de la sociedad. Uno integrado por un reducido número de miembros, mayormente clandestinos, con características, prácticas, lugares, rituales propios, que no suelen trascender demasiado.

Se podría decir en cierta forma que son elitistas, en el sentido de que su acceso no es sencillo y requiere de ciertos sacrificios que hay que estar dispuestos a hacer para integrarse, amén de la estricta confidencialidad, so pena de sufrir severas consecuencias. Como el submundo de las drogas, el de las riñas, el de las carreras de galgos.

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En Santiago del Estero ha venido creciendo, según numerosas publicaciones que se hicieron, el submundo de lo esotérico, del ocultismo, que podría incluir el satanismo, como su nombre lo indica seguidores de Satanás; y de ciertos practicantes del umbandismo, algunos aspirantes que malinterpretan las enseñanzas y las tuercen en beneficio propio, según afirmó una mae conversa del barrio 8 de Abril.

Pero nunca hasta ahora habían surgido datos tan escalofriantes como los derivados de los testimonios de pastores de iglesias evangélicas que afirman que algunas personas llegan a comer cadáveres humanos, porque buscan hacer daño a una ex pareja o a un enemigo o tener éxito en el arte o los negocios, como también aquellos que quieren acumular poder para curar o amarrar amores para sus clientes y obtener así grandes ganancias.

En las entrevistas, uno de los pastores consultados (prefieren no revelar su identidad por seguridad propia, de sus familias y de sus iglesias incluso) reveló: “Son pasos que se van dando de a poco, van accediendo a cosas peores. Empiezan matando un gallo, después matan un gato, luego un perro y después empiezan a comer osamentas del cementerio. Esa es la forma en que trabaja el enemigo”, explicó en alusión al diablo, Satanás, Lucifer.

La confirmación fue igual de contundente: “Sí, la gente que quiere consagrarse a Satanás lo hace de esa manera, y así sucesivamente va alcanzando un grado más, para acceder a poderes sobrenaturales que creen, les son dados por Satanás”, según las creencias a las que se entregan por supuesto.

Ante tal impacto desde el comienzo mismo de la entrevista, se trata de verificar que no hay ninguna confusión, que lo que se entendió es exactamente lo que se dijo. Se pregunta de nuevo, y la respuesta es similar: “Según cómo va su carrera en el satanismo, empiezan por lo que no está tan descompuesto y terminan por lo que está en peor estado. Eso siempre nos contaron, tenemos testimonios de gente que salió de ese ambiente, que lo hacía, que no tenían vergüenza de mencionarlo. Coinciden todos con lo que desde hace años se sabe el trabajo del satanismo, que es sucio, asqueroso, que lleva a algunos a que se enfermen, por lo que tienen que recurrir a los médicos, o a la iglesia para que sean libres de aquellas obras del diablo”, relata.

Testigos directos

Consultado sobre si alguna vez vio esto personalmente, respondió sin tapujos: “Sí, montón de veces vimos gente que largó pelos por la boca, que vomitó carne podrida también. A veces no solamente (queda afectada) la gente que hace pacto con Satanás. Hay personas que haciendo la maldad, sin hacer ningún contacto con curanderos o brujos, la misma obra que estaban haciendo ellos, los llevó a la mala y algunos hasta vomitaron un rollo de pelo, otros pelo con cuero” humano.

Al preguntársele sobre qué cementerios se usarían para estas prácticas, no supo especificar si se trataba del bandeño La Misericordia, ya que muchos años careció de seguridad adecuada, pero analizó: “Muchos cuentan que van a los cementerios locales, no creo que vayan lejos para hacer esa clase de trabajo. O a algunos de los pueblos vecinos, que no están tan lejos”.

“Eso es lo que la gente menciona siempre y como yo les digo, estas versiones no son nuevas, son una copia de lo que ya hace cientos de años hacían”, corroboró el pastor consultado.

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