Home / Actualidad / El deterioro económico más acelerado de la historia

El deterioro económico más acelerado de la historia

Transcurrían los últimos meses de 2017, Cambiemos acababa de ganar las elecciones nacionales, el establishment acompañaba y aplaudía al oficialismo, los sindicatos pactaban sin conflictos relevantes condiciones laborales que recuperaban sólo parte de lo perdido tras la devaluación de 2015, los medios de comunicación fortalecían la imagen del gobierno más allá del deterioro generado por el cambio de la fórmula de ajuste previsional, la oposición lucía débil y fragmentada y los economistas más reconocidos confirmaban la expectativa oficial de una inflación de un dígito para 2019 y un continuo sendero de crecimiento.

La economía nacional alcanzaba un nivel de crecimiento moderado en ese año (2,9%), pero representaba el registro más alto desde 2011, de acuerdo al recuperado INDEC. El organismo, avalado ampliamente por analistas de los más diversos espacios, daba cuenta de una reducción de la inflación significativa. Argentina pasaba de haber registrado un 41% en 2016, según la Dirección de Estadísticas de la Ciudad de Buenos Aires, a un 24,8%. Esa cifra, si bien todavía era elevada y estaba bastante por encima de la expectativa oficial, comparada con las mediciones publicadas por el IPC Congreso, era la más baja desde 2011 (en ese año, el registro había sido de 22,8%). El INDEC medía una fuerte baja de los índices de pobreza e indigencia y mejoraba la equidad distributiva. El Riesgo País llegaba a los menores niveles desde la Convertibilidad, rompiendo incluso la barrera de los 350 puntos básicos, después de haber emitido un bono a 100 años.

Los primeros meses de 2018 también lucían muy positivos a nivel macroeconómico para la mayoría de los analistas. Las ventas de automóviles y motos trepaban a los máximos históricos, la construcción y el mercado inmuebles despegaban de la mano de los créditosUVA y de la obra pública, el turismo externo alcanzaba records extraordinarios (a marzo de ese año, más de 5 millones de argentinos habían viajado al exterior en los últimos 12 meses cuando, por ejemplo, en el añorado 2011 habían salido solo 2,2 millones de turistas), las importaciones de servicios, solamente en el primer trimestre de 2018 habían llegado a los 7.755 millones de dólares, un 77% más que en el primer trimestre de 2011.

Sin embargo, en menos de un año y medio, desde ese pico de actividad y fortaleza política el gobierno ingresó en una de las peores cinco crisis del último medio siglo que aun no culmina y lo más probable es que siga acrecentándose. No hay antecedentes de pérdida de poder tan abrupta como la del Macrismo. De estar palpitando distintos esquemas de reelección a estar por perder las elecciones nacionales por una diferencia que es muy probable que sea la mayor de toda la historia ¿Qué pasó? ¿Es posible que el resultado de lasPASO y las declaraciones del candidato ganador haya generado tremendo derrumbe? En ningún país en el mundo ha ocurrido un fenómeno semejante. Lo normal es que existan regulaciones que permitan afrontar contingencias para evitar cataclismos.

En rigor, el problema fue haber construido un modelo económico basado exclusivamente en la confianza desinteresado de las condiciones necesarias para el desarrollo productivo, donde la actividad del sector financiero tiene un rol determinante. A diferencia de las inversiones productivas que requieren tiempos prolongados de maduración y desarrollo, las operaciones financieras, bajo el soporte de las tecnologías de la información y de la comunicación, son instantáneas y, fuera de control, como el gobierno estableció, tienen un impacto sobre el resto de la actividad productiva muy potentes. En economías de tamaño similar o superior, la actividad no es tan dependiente de un solo sector y menos aún del financiero. El proceso de una inversión productiva no se modifica sustancialmente por el resultado de una elección, una planificación de producción anual de una compañía tampoco cambia porque un candidato oficialista haya ganado o perdido. Las decisiones de consumo de las familias también son pensadas con cierta antelación.

Es verdad que la sequía de 2018 fue un grave imprevisto. Pero el sector agrícola representaba, hasta 2017, el 8,5% del PBI y no desapareció, perdió un 15,3% de actividad, según el INDEC, y las exportaciones primarias sólo cayeron un 5,5%. Es decir, la sequía fue un factor inesperado que generó un perjuicio pero tampoco fue trascendental. En tanto, las condiciones internacionales no variaron significativamente. Estados Unidos, después de que se haya esperado por mucho tiempo, finalmente subió la tasa de interés de referencia. No fue una suba abrupta; en diciembre de 2017, la tasa era de 1,5% y, de forma escalonada, llegó en diciembre de 2018 a 2,5%. Por último, el precio del petróleo aumentó pero de forma moderada y quedó muy lejos de sus máximos de 2008.

En definitiva, el mayor problema, nunca explicitado por los funcionarios del gobierno y quizás ni siquiera percibido por algunos de ellos, fue haber apostado a un modelo dependiente del endeudamiento externo, liberado de toda regulación que, sin haber conseguido ninguna mejora sustancial del productividad y redistribuyendo el excedente en favor de los bancos y financieras y a costa de la producción y el comercio, provocó que los pasivos del sector público sean percibidos como insustentables por los acreedores locales e internacionales. Y así hoy la máxima autoridad de nuestro país busca justificación a la crisis desencadenada como un niño que arma un castillo de naipes y llora porque su hermano deja abierta una ventana y el viento se lo derriba.

por Mariano Kestelboim BAE

Compartir

Leer Mas

El “perro patriota” que todos los días canta Aurora en escuela de San Luis del Palmar

Un simpático perro callejero llega todas las mañanas hasta la Escuela Normal de San Luis …